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8 de abril de 2008

Galletitas

Hola a todos
Me han pasado un cuento que me gustaría compartir con vosotros.

Y, por supuesto, me encantaría y sería de gran ayuda que lo pudiéramos aplicar en nuestras organizaciones.

Allá vamos...

En una estación de trenes llega una tarde, una señora muy elegante. En la ventanilla le informan que el tren va retrasado y que tardará aproximadamente una hora en llegar a la estación.

Un poco fastidiada, la señora va al puesto de diarios y compra una revista, luego pasa a la tienda y compra un refresco y un paquete de galletitas.

Preparada para la forzosa espera, se sienta en unos de los bancos del andén. Mientras hojea la revista, un joven se sienta a su lado y comienza a leer un diario. De repente, la señora observa por el rabillo del ojo, cómo el muchacho, sin decir ni una palabra, estira la mano, coge el paquete de galletitas, lo abre y después de sacar una comienza a comérsela despreocupadamente.

La mujer éstá indignada. No está dispuesta a ser grosera, pero tampoco a no decir nada; así que, con gesto apuloso, toma el paquete y saca una galletita que exhibe frente al joven y se la come mirándole fijamente.

Por respuesta, el joven sonríe ... y toma otra galletita. La señora se enoja un tanto, toma una nueva galletita y se la come sosteniendo otra vez la mirada en el muchacho.

Así sigue el diálogo entre miradas y sonrisas galleta tras galleta. Lla señora más irritada y el muchacho más divertido.

Finalmente, la señora se da cuenta que en el paquete tan solo queda una gallEita; la última.
"No podrá ser tan caradura", piensa la señora y se queda mirando fijamente al muchacho y al paquete de galletitas.

Con calma, el muchacho alarga la mano y coge la última galletita. Con suavidad la parte exactamente por la mitad y con una enorme sonrisa la comparte con la señora.

- ¡Gracias! - contesta la señora cogiendo con ímpetu la galletita.
- De nada - le contesta el muchacho con una sonrisa.

El tren llega. Furiosa, la señora se levanta, recoge todas sus cosas y sube al tren. Al arrancar el vagón ve al muchacho todavía sentado en el banco del andén y piensa: "¡Qué insolente!"

Siente la boca reseca de ira. Abre su bolso para sacar el refresco y se sorprende al encontrar, cerrado, su paquete de galletitas ...

Curioso la imagen que nos hacemos de las cosas, ¿verdad?