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7 de febrero de 2009

¿Es útil la formación?

Menuda pregunta, ¿verdad? o menuda obviedad, dirían otros.

Entiendo que más que útil es necesaria; es un deber de cualquier profesional aunque detecto que algunos asistentes a determinadas acciones formativas y sobretodo la actitud de sus jefes es de inutilidad.

¿Cuántas veces no habréis oido que la formación no me sirve? Y qué hacemos al respecto. Tengo ejemplos que me dicen que seguimos haciendo lo mismo; es decir continuar dando formación.

El viernes pasado estuve reunido con una colega de profesión y entre las muchas cosas de que hablamos salió ésta; la utilidad de la formación que estoy recibiendo. Si la ponemos en duda ya es significativo. Fue nuestra conclusión.

Muchos asistentes afrontan su asistencia a la acción formativa como un tiempo de no trabajo; de recreo, de diversión. Allá ellos y su responsabilidad pero ¿cuántas veces han asistido a la misma formación? y ¿cuántas veces -una vez finalizada la formación- sus jefes no les han preguntado acerca de ella o les han ejercido algún tipo de control, seguimiento, supervisión, ...?

Tengo ejemplos de personas que han asisitido varias veces a determinados cursos (cursillos, les bautizaban) y su actitud siempre ha sido la misma. "No me sirve", "no se puede aplicar", ... "está bien pero en mi empresa o departamento, ya se sabe, ..."

Por citar algunos que me vienen a la memoria, el curso de Gestión del Tiempo o el curso de Comunicación efectiva.

Se realizan muchos, se asiste con asiduidad pero ¿cambia algo en nuestro enfoque en el trabajo? Si a esta pregunta contestamos con un no entonces me temo que la formación te ha sido inútil.
¿Hace el jefe algo por cambiar la situación para que se puedan transferir los nuevos conocimientos?

La utilidad o no de la formación la debe moldear el propio interesado (y su jefe, por supuesto) ya que si partía de una necesidad real (y no de un deseo) a la vuelta de la formación tiene que hacer lo posible por cambiar su anterior escenario; las herramientas ya se las han dado pero y la actitud de querer transferir lo aprendido a la realidad.

Sabemos de la resistencia al cambio y la necesidad de tener las cosas bajo el control o la certidumbre pero para cambiar (y la formación pretende cambiar) hay que romper.

Si volvemos a los cursos ejemplo que os he citado también recientemente tuve una reunión con una persona responsable de formación de una institución académica y me comentaba que hacía muchos cursos de comunicación pero que el ambiente seguía igual.

Le pregunté si acaso la comunicación era el problema. Me contestó que sí (muy convencida) y que por ese motivo seguían haciendo formación en comunicación.

Entonces, por una parte, le planteé que el problema real no era la formación en si misma sino la actitud de cambio de los asistentes a dicha formación y sobretodo la actitud de los jefes ante dicha situación. Y por otra, le cuestioné si era un verdadero problema de organización.

Me dijo que no sabía cuál era el problema pero que ella seguía haciendo los cursos porque es lo que debía hacer. Recordé entonces una de mis frases preferidas "Si hacemos lo que siempre hemos hecho, no llegaremos más allá... de donde siempre hemos llegado"

En fin, reflexiones de domingo acerca de la formación. Tan querida, tan necesitada pero tan compleja de evaluar si realmente nos sirve. Claro está que si no cambias, la formación no te sirve.