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12 de agosto de 2009

168 horas


Hago otro “kit-kat” en mis placenteras vacaciones en Palamós para comentar en voz alta algunas de mis reflexiones de tumbona. La biblioteca de Palamós tiene wi-fi y aire acondicionado y se está a gustito. Ésta última se refiere al tiempo.

El tiempo es un recurso único.
Día a día, todos disfrutamos de la misma cantidad y debe gastarse -según dicen los expertos- a razón de 60 segundos por minuto.

Son datos confirmados, todos contamos con 168 horas a la semana. La cuestión es ¿Cómo usas las tuyas?

Antes de empezar a reflexionar cómo se usan nuestras 168 horas debemos aclarar algunos conceptos que pueden parecer obviedades.

El tiempo es el más importante de los recursos, el más equitativo: todos tenemos el mismo. Es limitado, caduco, inelástico (no lo podemos moldear), es el más indispensable pero sobretodo es un recurso insustituible. ¿Estamos de acuerdo?

Bien, sigamos con más obviedades, entonces. Por lo dicho anteriormente debemos administrar bien nuestro tiempo; primero porqué el tiempo es nuestra vida. Esto significa que administrar (los modernos dirían gestión) nuestro tiempo significa administrar nuestra vida.
Tenemos que conducir, dirigir nuestros asuntos dentro del tiempo disponible para que podamos lograr resultados eficientes (haciéndolo de manera eficaz dicha conducción). Por lo tanto nuestra meta debe ser el logro de objetivos. Hasta aquí la segunda obviedad.

Y nuestra tercera y última obviedad.
Tu compromiso para administrar tu tiempo es realmente un compromiso contigo mismo y con lo que es importante en tu vida. Es nuestro tiempo lo que estamos gastando, somos nosotros quienes debemos dominarlo, y no dejar que él nos domine.

¿También estamos de acuerdo?
Pero tenemos muchos enemigos. Nos abordan diariamente y si no los conocemos podemos fácilmente sucumbir. ¿Cuáles son estos enemigos de mi tiempo?

Por ejemplo, ¿sabemos cómo empleamos nuestro tiempo? Si a la preguntas contestas de manera negativa, aquí tenemos el primero.

La rapidez. Está de moda ser rápido pero ya se sabes las prisas son malas consejeras.
El hecho que tenemos que realizar trabajos que no nos gustan provoca que malgastemos nuestro tiempo. Una de dos, o lo superas (conviertes lo no placentero en placentero) o bien -si puedes- no lo realices.

El trabajo difícil (sobretodo si no estábamos preparados para ello) provoca una pérdida de tiempo. Es preferible delegar dicho trabajo a otra persona más cualificada o prepararte mejor.

La indecisión. Un mal endémico. Nos paraliza y por lo tanto perdemos nuestro tiempo; es decir una parte de nuestra vida.

La falta de planes. Aaaah! todo lo dejamos a la maldita improvisación y además nos lo creemos y nos decimos es que el carácter mediterráneo ...

A esta lista también podríamos añadir el hecho de no tener los objetivos muy claros (que se lo digan a los jefes), hacer muchas cosas a la vez (el multitasking; mal deporte), dejar las cosas para después (también llamado procastinación) , falta de autodisciplina, ...

En definitiva una cuestión de ausencia total de hábito y escasa organización que nos lleva a la ineficiencia. Solución ... en otro post.