Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

14 de octubre de 2009

Confundimos qué y cómo


Eso es lo que me parece. Se suele confundir qué hay que hacer con cómo hay que hacerlo.

Os lo muestro con un sencillo ejemplo surgido de mi corta pero rica experiencia como presidente de la comunidad de vecinos. Ahorro algunos detalles pero en junta de propietarios se decide afrontar un pago extraordinario.

Hasta aquí bien. Me dirijo a mi entidad bancaria y explico que tenemos que realizar un pago adicional (fuera de la regla habitual de pagos de la comunidad) correspondiente a un determinado importe y que además se tiene que realizar durante este mes de octubre (aún tenemos tiempo, ¿verdad?

Me aseguro de que me haya explicado con suficiente claridad y por supuesto me comenta que sí, por supuesto, Sr. Vallès (suerte que el Don Àlex ya se lo han ahorado, política low cost en el lenguaje, evidentemente)

Bien! Acto seguido se procede a la correspondiente operación. (lenguaje típicamente administrativo) Y mi sexto o séptimo sentido me indica que algo no funciona. No sé, pero no funciona pero espero pacientemente. El empleado se dirije a mi y me comenta:
Sr. Vallès, el nuevo importe se abonarà como siempre; es decir, me explico si este nuevo importe se tendrá que abonar los meses de ...

Mi sorpresa es mayúscula y le digo cortésmente. No, seguramente me habré explicado mal pero lo que únicamente quiero es que se ejecute una operación de pago de un importe (X€) en este més (octubre) por que es excepcional (o extraordinario)

Me mira, supongo que reflexiona, y me dice ...:
-Ah!, no es eso lo que quería. Cómo he visto que no me decía nada y el ordenador me dejaba hacer la operación.

En fin, al final se ha reconducido el asunto. (Tranquilidad, no ha llegado la sangre al río; lo he hecho limpio)
Bromas aparte volviendo para casa me ha aparecido la siguiente reflexión:
A menudo no dedicamos el tiempo suficiente a pensar que hay qué hacer, ni por qué y ni mucho menos para qué (es decir, no mostramos interés en ser eficaces) y si estamos dándole vueltas a la cabeza por saber cómo hacer las cosas (por ejemplo, buscamos siempre recetas, lo práctico, rápido y a veces mal) Es decir, a ser eficientes a toda costa sin plantearnos si somos eficaces.

En el caso anecdótico el empleado quiso ser eficiente, rápido y amable. Amable, por supuesto lo fue (atento), rápido posiblemente también (no le hice un cronoanálisis de la operación) pero eficiente no lo fue. Tuvo que retrabajar (repetir la operación) por el sencillo detalle de no asegurarse el qué hay que hacer, requerir información adicional para comprender el por qué y para qué de la operación.

A continuación se reflexiona y se piensa en el cómo hacerlo (de manera más eficiente, claro está)

En fin, otro interesante ejemplo para distinguir (me suena a Barrio Sésamo) la diferencia entre ser eficaz (requerir el qué, por qué y para qué de las cosas) y ser eficiente (el cómo)