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23 de octubre de 2009

¿Qué hago?, ¿qué decido?, ¿qué pasa?


Sin duda alguna. En nuestro tiempo laboral nos dedicamos a solucionar problemas, a tomar decisiones, ... en teoría porque muchas veces (tampoco he contado cuántas) solemos realizar dos actividades:
  • a la parálisis por el (excesivo) análisis
  • la inhibición como modelo de decisión
pero, ¿por qué?
"No será por formación", me decía un directivo de una empresa.
-"Porque formación en toma de decisiones y en análisis de problemas, ... hacemos."

Mi respuesta ante esta situación era qué tipo de formación se realizaba.
Sobre el papel la formación era la adecuada pero el problema se centra -en mi opinión- en si se sabe lo que hay que hacer en la empresa y si se sabe dejar que tomen decisiones, ... y por supuesto si se acepta el error como posibilidad.

Son varios problemas los que se plantean.
En primer lugar, mi gente no toma decisiones. Por lo tanto la formo. Una vez formados porqué no toman decisiones. ¿Por que no quieren?, ¿Por que no saben?, ¿Por que no pueden?

En segundo lugar, mi gente no analiza la situación con suficiente rigor. Pues si esto es así los formo. Una vez formados, ¿porqué no analizan los problemas de manera rigurosa?, ¿por qué no asumen la responsabilidad de tomar la decisión?

Le comenté que la situación era -en su mayoría- producto de qué se valoraba más en la organización.

Si se valora acatar siempre la orden, la instrucción y no se fomenta ni la generación de criterios ni se aceptaba el error como posibilidad de trabajo, la gente no decidirá, no analizará con profundidad una situación, un problema.

Premiamos la rapidez y no la reflexión. Premiamos en quién debe tomar la decisión y no en el proceso de toma de decisión.

Ante este comentario, el directivo me pidió aclaración. Le comenté que siempre la decisión correspondía a un determinado ámbito jerárquico de la organización. Esta situación tiende a que el que no pertenece a dicho estamento poco a poco se irá inhibiendo. "Total, para qué si al final es el jefe quien decide"

En resumen, si formamos en toma de decisiones y en análisis de problemas pero cuando ya lo hemos hecho acotamos mucho el ámbito en la toma de decisiones la consecuencia es la inhibición como modelo de gestión que a su vez alimenta al directivo de turno que considera que sólo es el quien debe decidir. (Después éste se queja que su gente no sabe decidir y los lleva -en el mejor de los casos- a un "cursillo" de formación)

Si no cambiamos el proceso interno de toma de decisión y hacemos "descender" el nivel, no se conseguirá nada significativo.