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10 de marzo de 2010

¿Conoces tus Objetivos?

Pregunta del millón. Es sencilla, directa, posiblemente fácil de contestar. ¿cuál es tu respuesta?
Recientemente he finalizado una acción formativa dirigida a "cómo conseguir resultados" y está fue la pregunta estrella.

La respuesta fue que el 80% de los asistentes manifestaba no conocerlos; el 10% decía que los conocía pero de manera general y a través de la lectura de documentos de empresa. El nivel era vago, amplio e impreciso mientras que el otro 10% restante afirmaba conocerlos ya que se los habían comunicado personalmente.

A continuación, pedía si sabían definir objetivos para obtener resultados o si eran capaces de enumerar sus principales actividades, tareas y relacionarlas con algún objetivo. Bastante difícil la prueba. Tan sólo eran capaces de describir tareas -por cierto, de manera amplia, vaga o poco operativa- y por supuesto salpicada de expresiones "nominalizadas"; es decir, abundancia de expresiones eufemísticas o de difícil acotación operativa.

Unos ejemplos lo ilustrarán.
  • "Diseñar un sistema interno de calidad"
  • "Inventariar los contenedores de reciclaje de material"
  • "Reducir al máximo el número de problemas legales asociados con la expatriación"
  • Mejorar la atención al cliente interno
  • ...//...
Si desconocemos nuestros objetivos, somos imprecisos en la definición operativa de nuestras actividades y tareas; es decir lo que hacemos, desconocemos a priori nuestro volumen de trabajo, tiempo estimado de ejecución y carga de trabajo, ... cómo podemos obtener resultados.

Por partes!, no tenemos más remedio.
Por un lado, reclamar a nuestro jefe cuáles son nuestros objetivos. Si no sabe o no contesta ( a veces pasa) el ejercicio a realizar es el siguiente: describir de manera práctica nuestra propia actividad. Qué tengo que hacer que me sea fácil después medir lo que he hecho.

Por otro, no hay más remedio que buscar, encontrar indicadores que me muestren en qué medida avanzo o retroceso en la ejecución de mis tareas.

Y finalmente, procesar la actividad; es decir, una vez tengo descritas mis tareas secuenciarlas en un proceso/procedimiento operativo. Aquí tenemos un enemigo oculto; la obviedad. No nos deja ver el final y nos saltamos -a veces- la secuencia lógica de todas las partes/actividades implicadas.

También pasa que muchas veces desconocemos para qué hacemos las cosas. Simplemente, las hacemos, repitiendo en la mayoría de los casos los mismos errores aunque no los reconocemos como tales sino que les llamamos "apaga fuegos, "dependes", ...

En fin, con un buen programa de productividad (personal) el objetivo es eliminar de raíz este tipo de situaciones.


Un encuentro, una solución