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28 de abril de 2011

¿Adaptamos la formación al cliente?


Siempre nos adaptamos a las necesidades de nuestro cliente cuando diseñamos acciones de formación pero ... ¿hasta que punto?, ¿dónde está el limite de esa presupuesta adaptación de contenidos, metodologías, actividades, ejercicios, dinámicas, ...?

Me refiero que si somos los "expertos" en cuanto a contenidos y metodología, en qué medida debemos o podemos comercialmente hablando no hacer caso de todo lo que nos dice el cliente. Os lo cuento por que me ha pasado una cosa curiosa.

Un cliente nos pide el diseño y desarrollo de cinco módulos (píldoras) de formación en determinadas habilidades. En total es un conjunto de 15 comportamientos clave que se deben formar, reforzar, desarrollar, ... Hasta aquí interesante ya que se requería una combinación de labor de consultoría y formación. 

Pero el cliente nos pide que antes de iniciar uno de los cinco módulos, hagamos unas visitas para conocer al personal que recibirá la formación y además unas sesiones para presentar las maquetas con los contenidos, actividades, metodología, ... 

En este momento, una vez realizado el esfuerzo de contextualización de los contenidos (no de la metodología) los futuros asistentes (alumnos) han comenzado a poner en duda los contenidos, objetivos, metodología e incluso el formato de las presentaciones. Ha sido curioso porque -y así lo han manifestado- quería contenidos cómodos y que las actividades fueran de poca reflexión y más "juego" (para nuestra sorpresa)

Por supuesto que hemos llegado a un acuerdo, en algún ajuste pero, ¿hasta qué punto en el esfuerzo de adaptación de la formación a la realidad de los asistentes se debe ceder en aspectos metodológicos y de contenidos?. Y por supuesto en discutir acerca de si lo que el formador expone es lo correcto. 

En resumen, la experiencia ha sido positiva por que me he encontrado en una situación curiosa y única. El futuro asistente te quiere condicionar la manera en la que debes enseñarle a él. Para reflexionar.


Un encuentro, una solución