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25 de abril de 2011

¡A motivar! (1a parte)


Motivar, motivar, motivar, cómo me gusta la palabra motivar. ¿Está usted motivado?, ¿Necesita que le motiven?, ¿quién, su jefe? No, por favor, no. No acuda a su jefe para que le motiven, le saldrá caro y hasta peligroso; le podrá dar más trabajo, digo "retos"

A parte de la broma acerca de motivar o no, leyendo blogs interesante paré precisamente en uno que sí que me dio una excelente idea para un cliente mío que me requirió para que hiciera una charla motivadora a sus empleados. 

Sí, así como suena. Me contratan para que yo motive a sus trabajadores. Deberá estar mi cliente algo desmotivado, ¿no creéis?

A parte de quién me sugirió la idea (leed el blog, lo recomiendo) y el cliente que me contrata para que dé una charla motivadora de unas tres horas (pobres empleados, conmigo encontrarán el motivo para abandona su empresa) siempre he defendido la posición que no se motiva sino que más bien se desmotiva (y esto lo hacen muy eficientemente algunos jefes) pero ya que hay que hablar de motivación ...

Saber motivar podría resumirse en crear un entorno de trabajo especial y desarrollar una serie de determinados comportamientos y tipos de relación Jefe-Colaborador y Colaborador-Colaborador, teniendo en cuenta tres premisas:
  • Las personas no se siente motivadas de manera automática.
  • Las personas no están igual de motivadas que sus jefes, directores o propietarios del negocio.
  • Cada persona se motiva de diferente manera y se mantiene motivada de diferente manera. 
Por lo tanto si conocemos estas tres ideas nuestro comportamiento profesional tiene que centrarse en tres aspectos:
  • Saber crear retos profesionales, objetivos, metas y saberlos implicar. 
  • Saber reconocer el esfuerzo y los resultados de los colaboradores.
  • Saber crear un entorno de trabajo que facilite la autonomía. 
 Parece sencillo pero me temo que no lo es.Significa en la mayoría de los casos cambiar de creencias acerca de cómo funcionamos en nuestras relaciones profesionales con los clientes, proveedores, jefes y colegas.

Me centraré en el primer aspecto: saber crear retos profesionales, objetivos, metas y saberlos implicar.

Siempre pregunto a los jefes lo siguiente:

  1. ¿Tienes los objetivos operativos claros, especificado, medibles  y compartidos?
  2. ¿Están comprometidos? ¿Qué haces para que se comprometan? (es sencillo, piensa cómo se actúa ante un error o un fracaso)
  3. ¿Cual es tu estilo de dirección?, ¿Sólo tienes uno?
  4. ¿Se realiza un seguimiento de las tareas asignadas?, ¿Se corrigen?, ¿Se aceptan sugerencias?
  5. ¿Se aprende de lo vivido en la organización (un proyecto, un lanzamiento, una reclamación de cliente, ...)?, ¿se sabe que se tiene en la empresa un conocimiento tácito y otro explícito? 
  6. ¿Conoces el estado emocional de tu equipo (de las personas)? En este apartado ya hablaremos acerca de qué es y para qué sirve conocerlo.
Si a la mayoría de las preguntas se contesta de manera imprecisa, vaga o con una negativa, se suele primero trabajar estos aspectos para conseguir a medio plazo la motivación.

Para motivar (y hacerlo bien) se tienen que trabajar aspectos estructurales y además se requiere tiempo porque exige además un pequeño gran cambio. ¿Queremos seguir motivando?
 





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