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27 de abril de 2011

¡A Motivar! (2a.parte)


En relación con la motivación, nos quedamos con el primer aspecto; el que hacía referencia a  "saber crear retos, objetivos, metas" ¿verdad?

Ahora toca aplicar el reconocimiento; es decir reconocer tanto el éxito, el resultado conseguido, el esfuerzo aplicado pero también la no consecución de los objetivos, la tolerancia o aceptación del fracaso como elemento de reflexión para la mejora.

Este es un aspecto francamente mejorable en la mayoría de las organizaciones. Aquí hay que conectar la parte racional (los hechos y detalles) con la parte emocional de las relaciones (los sentimientos) y aquí viene la dificultad. 

Por este motivo lo abandonamos o bien destacamos mucho más la parte racional. Si las cosas van bien, perfecto, pero cuando las cosas no salen bien nos suele salir la parte irracional y encontramos seguramente a un culpable.

El reconocimiento es fuente de motivación tanto si queremos reconocer el esfuerzo, los resultados pero también si queremos destacar aquello que no hemos hecho bien. Tan sólo hay que vigilar cómo lo decimos.

Para ello necesitamos seguir unos cuantos pasos:

  1. Céntrate siempre en el comportamiento que se ha observado. Recuerda la frase "Ves a por la pelota y no a por el jugador"
  2. Busca, requiere información acerca de la situación de lo que ha pasado sin entrar a emitir ningún juicio de valor. Recuerda que nuestros juicios son subjetivos pero podemos evitar que sean arbitrarios.
  3. Pregúntale por su comportamiento. Tanto si entiendes que ha sido el correcto como incorrecto. Recuerda que siempre hay que tener información de diferentes fuentes.
  4. Haz que reflexione sobre las consecuencias de sus acciones; si han sido correctas se podrán ver los resultados y le felicitarás pero si no lo han sido él mismo observará y tomará consciencia de lo inadecuado. Tan sólo se lo tienes que facilitar.
  5. Busca el compromiso para que la acción se repita si es que ha sido positiva o que se evite si es que ha sido negativa. Busca y alcanza su y tu compromiso.
  6. Y sobretodo, ponlo por escrito. Las palabras se las lleva el viento.

Son pasos sencillos y fáciles de recordar. Tan sólo los tenemos que poner en práctica. Recuerdo a un jefe que siempre me decía que le dolía la boca de decir siempre lo mismo a las mismas personas. 

Me extrañó su actitud y le pregunté si siempre hacía lo mismo con las mismas personas por qué se extrañaba que siempre consiguiera lo mismo. 

Un encuentro, una solución