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2 de junio de 2011

Prejuicios y quejas. Emociones (1)


Tenemos prejuicios. Y además de todo tipo pero quiero destacar especialmente aquellos que tenemos con respecto al binomio Jefe-Colaborador.

¿Por qué lo digo?
En las acciones de formación y desarrollo de habilidades suelo hablar con los alumnos de diferentes conceptos; nuestros valores, los valores (si los sabemos) de nuestros colaboradores, nuestras creencias limitadoras y el grado de asertividad y empatía que tenemos, ...

Es un ejercicio curioso porque destaco un elevado grado de prejuicio acerca de cómo se va a comportar el otro (colaborador, colega, jefe, ...) y la elevada capacidad de previsión del comportamiento del otro. Es decir, no hago cosas porque preveo que la conducta del otro no va a cambiar. La consecuencia es que no hago nada, me sigo quejando y mi comportamiento y su resultado me refuerza.

Para mi es tremendo. Al final uno piensa que no se desea cambiar pero sí quejarnos. Estamos instalados en la queja perpétua y somos relativamente incapaces de modelar nuestra conducta con respecto al otro. Y la mayoría de las veces es por el prejuicio y la creencia (limitadora) que no se cambia el comportamiento (que no la personalidad)

Y, ¿qué podemos hacer?
Para mi es fundamental hablar, hablar mucho y de manera constante y suave. Solemos desplegar estilos agresivos de comunicación y una enorme necesidad de manifestar de manera patente la autoridad, la disciplina, ... Para mi es una falta de recursos y que como tales se pueden adquirir con un relativo sencillo entrenamiento en habilidades. Pero no se percibe de esta manera.

Pongamos un pequeño ejercicio de autoregulación emocional.

¿En qué consiste?
En reflexionar sobre nuestros estados emocionales.

¿Para qué nos sirve?

  • Ser conscientes de nuestras emociones (y la de los otros) y sus consecuencias.
  • Para detenernos a pensar en todo aquello que nos gusta y disgusta y sobretodo por qué motivo.
  • Para ser conscientes de cómo, cuando y por qué tenemos estos sentimientos y detectar qué nos gustaría cambiar.
  • Para conocer nuestras emociones y de esta manera considerar la de los otros

¿Cómo se hace?

  • Dedico un cierto tiempo (por ejemplo 10' a la semana) a pensar en mis emociones.
  • Siempre identificar para cada emoción una sensación personal. "Cómo me he sentido después de ..."
  • Recuerdo en qué situación o cuando me he sentido de esta determinada manera. ¿Con quién era? 
  • Qué pensé en aquel momento? Mis pensamientos influyen/han influido en mis emociones.
  • Recuerdo cómo me comporté en aquella situación (qué hice, dije, ...)



    No es sencillo pero ya es un pequeño paso para comprenderte y comprender las reacciones y emociones tanto tuya como la de los demás.


    Un encuentro, una solución