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2 de octubre de 2011

De resultados y objetivos


Objetivos, metas, resultados, rendimiento, productividad, ... se habla y últimamente más acerca de estos y otros términos relacionados.

También se generan múltiples acciones para mejorar o desarrollar la competencia de Orientación a los Resultados. Interesante pero requiere también un pequeño esfuerzo y reflexión acerca de qué objetivos queremos conseguir y de si se está preparado para conseguirlos.

Suelo diseñar e impartir acciones de formación dirigidas a reforzar dicha competencia/habilidad y me  encuentro con parecidas situaciones:

En primer lugar, no reflexionamos en términos de obtención de resultados y en cambio si en términos de acciones (y sobretodo del concepto estrella que es la planificación de acciones) Es decir, anteponemos siempre el Cómo antes que el Qué.

En segundo lugar solemos utilizar un lenguaje que nos distancia de la realidad y tendemos a enredar (queriendo o sin querer) a nuestros colaboradores.

Para el primer punto la receta es sencilla y por qué no decirla, típica. Basta con aplicarse las siete preguntas del cronista. A partir de esas preguntas todo fluye. Aplicad la regla para cuando tengáis que establecer objetivos.

¿Qué hay que conseguir? y sobretodo ¿Qué hay que hacer para conseguirlo?
Pensemos que cosas -relativamente sencillas- a obtener y pongamos por escritos qué es lo que tenemos que hacer.

Pero recomiendo que si además tenemos que contar con un equipo o grupo de personas que nos ayudarán (sean o no dependientes directamente de nosotros) facilitaría mucho que expliquemos el Por Qué  (motivo) y el Para Qué (la finalidad) Es el marco de referencia que nos permite crear por un lado credibilidad y por otro adhesión a los objetivos. No hay cosa peor en la gestión de equipos que no se crean en los objetivos a alcanzar.

Hasta aquí sólo hemos fijado el rumbo, las condiciones marco, en definitiva la perspectiva que todo directivo (y empleado) debe tener pero si os fijáis no hemos procesado, estructurado u ordenado (las instrucciones, las rutinas, ...) nada o casi nada. 

¿Qué vendría a continuación? El sujeto de la acción; es decir el Quién. Aquí podemos estar pensando en dos funciones de la dirección: la delegación y la asignación de tareas. (Otro tema interesante a discutir en otro post)

¿Y después? Los aspectos circunstanciales; el Dónde y el Cuando de la película. 
Por último y lo digo que debería se en la inmensa mayoría lo último dejamos caer el Cómo o el aspecto más instrumental de nuestra actividad de dirección.

Está claro que requerimos este orden y algún que otro complemento, como por ejemplo: establecer metas (pasos, hitos relevantes como sistema de control), contar con un sistema de indicadores (medidas) que nos avise de la marcha del negocio o actividad y también con un método o proceso de trabajo. En muchos casos al no existir método de trabajo ni sistema de control de gestión es difícil establecer determinados objetivos pero ... nos seguimos esforzando en fijarlos. Nos cuesta y por eso lo abandonamos.

En fin, reflexiones a posteriori de haber disfrutado de una acción formativa acerca de cómo estar orientado a los resultados (y no morir en el intento)


Un encuentro, una solución