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26 de marzo de 2012

Jefe, cuénteme un cuento ...


Eso, eso que así aprenderé. 

Es una broma pero los cuentos no lo son. Y sobretodo si los sabemos aplicar para el aprendizaje.
A veces, un formador o el mismo directivo o mando debe ser un contador de cuentos o de historias. 

Estas historias pueden ser perfectamente cuentos, chistes, secuencias de película, anécdotas,... pero sobre todo son historias o experiencias del propio jefe o de otras personas, que pueden servir al colaborador para comprender su situación, para  resolver un problema, para tomar una decisión, o para generar alternativas de pensamiento. 

Los cuentos (historias, fábulas, ...) son una parte importante del aprendizaje experiencial. 
Para que las historias cumplan el objetivo de contribuir al desarrollo profesional, es necesario escoger la historia adecuada, que sea aplicable al contexto, es decir, a las necesidades del colaborador, a su situación personal/profesional, a los retos que se plantea o las dificultades que desea superar. 
Por supuesto, siempre tiene que extraerse de ellas una moraleja, que es el mensaje que impulsa el aprendizaje.
Sobre la historia jefe y colaborador tienen que discutir, intercambiar opiniones y reflexionarán: de este proceso debe surgir la moraleja para el colaborador. Debe ser él quien la descubre, porque esa es la revelación del proceso de aprendizaje. No debe aparecer de forma explícita en el relato.
La fuerza de la historia reside en que nos obliga a situarnos fuera de nuestra experiencia, nos permite contemplar la situación como espectadores. Nos permite distanciarnos para poder ver las cosas de otra forma, sin sentirnos amenazados. Desde esta posición podemos transferir la lección extraída a nuestra propia situación. 
Ni que decir tiene que la misma historia no tiene el mismo significado para dos personas distintas o en dos situaciones distintas.
En resumen las historias, los cuentos, las fábulas nos permite:
  • Salir fuera de nosotros. Se produce un distanciamiento emocional que permite relajarnos, desbloquearnos y estar en disposición de aprender.
  • Del desbloqueo, apertura mental a la reflexión desde una posición mucho más cómoda (y por lo tanto segura)
  • De la reflexión hay que invitar a la acción. Si no, no existe el aprendizaje. 

Los cuentos deben ser explicados con dosis de realismo y entusiasmo. Además han de ser creíbles y conectar emocionalmente. Es importante observar siempre la reacción del oyente, interpretar sus mensajes de respuesta a la historia para ir adaptando la narración.  
Las historias son importantes porque ayudan a impulsar la acción para el cambio, a generar confianza, a transmitir valores, a compartir conocimientos.
Por eso animamos a los jefes a que cuenten cuentos a sus colaboradores. A que extraigan conclusiones para la acción; del diagnóstico pasando por la reflexión y al final la acción.


Os dejo con otro cuento; éste es el de Celtas Cortos.


Un encuentro, una solución