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7 de mayo de 2012

La llave de la felicidad


Hoy toca un cuento; es lunes!


Cuenta la leyenda que antes de que la humanidad existiera, se reunieron varios duendes para hacer una travesura. 
Uno de ellos dijo:- Pronto serán creados los humanos. No es justo que tengan tantas virtudes y tantas posibilidades. Deberíamos hacer algo para que les sea más difícil seguir adelante.Llenémoslos de vicios y de defectos; eso los destruirá. 
El más anciano de los duendes dijo:- Está previsto que tengan defectos y dobleces, pero eso sólo servirá para hacerlos más completos. Creo que debemos privarlos de algo que, aunque sea pequeño, les haga vivir cada día un desafío.- ¡Qué divertido! —dijeron todos. 
Un joven y astuto duende, desde un rincón, comentó:- Deberíamos quitarles algo que sea importante... ¿pero qué? 
Después de mucho pensar, el viejo duende exclamó:- ¡Ya sé! Vamos a quitarles la llave de la felicidad.- ¡Maravilloso... fantástico... excelente idea! —gritaron los duendes mientras bailaban alrededor de un caldero. 
El viejo duende siguió:- El problema va a ser dónde esconderla para que no puedan encontrarla.
El primero de ellos volvió a tomar la palabra:- Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo.
 
A lo que inmediatamente otro miembro repuso:- No, recuerda que tienen fuerza y son tenaces; fácilmente, alguna vez, alguien puede subir y encontrarla, y si la encuentra uno, ya todos podrán escalarlo y el desafío terminará. 
Un tercer duende propuso:- Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar. 
Un cuarto todavía tomó la palabra y contestó:- No, recuerda que tienen curiosidad; en determinado momento algunos construirán un aparato para poder bajar y entonces la encontrarán fácilmente. 
El tercero dijo:- Escondámosla en un planeta lejano a la Tierra. 
A lo cual los otros dijeron:- No, recuerda su inteligencia, un día alguno van a construir una nave en la que puedan viajar a otros planetas y la van a descubrir. 
Un duende viejo, que había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas de los demás, se puso de pie en el centro y dijo:- Creo saber dónde ponerla para que realmente no la descubran. Debemos esconderla donde nunca la buscarían.
Todos se giraron asombrados y preguntaron al unísono:- ¿Dónde?
 
El duende respondió:- La esconderemos dentro de ellos mismos... muy cerca del corazón...
Las risas y los aplausos se multiplicaron. Todos los duendes gritan:- ¡Ja... Ja... Ja...! Estarán tan ocupados buscándola fuera, desesperados, sin saber que la llevan consigo todo el tiempo.
 
El joven escéptico acotó:- Los hombres tienen el deseo de ser felices, tarde o temprano alguien será suficientemente sabio para descubrir dónde está llave y se lo dirá a todos.- Quizá suceda así —dijo el más anciano de los duendes—, pero los hombres también poseen una innata desconfianza acerca de las cosas simples. Si ese hombre llegara a existir y revelara que el secreto está escondido en el interior de cada uno, nadie le creerá.
Un encuentro, una solución