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29 de octubre de 2015

Hablando de habilidades sociales


¿Qué entendemos por habilidades sociales?
Una definición aceptada es la siguiente: el conjunto de conductas aprendidas de forma natural (y que por tanto pueden ser enseñadas), que se manifiestan en situaciones interpersonales, socialmente aceptadas y orientadas a la obtención de refuerzos ambientales, sociales.

La mayoría de las habilidades sociales las aprendemos en nuestro entorno íntimo, familiar y educativo. Sobretodo durante los primeros años de vida pero hay algunas de ellas que no se suelen desarrollar en su dominio y entiendo que se tienen grandes deficiencias o debilidades. Me estoy refiriendo a aquellas habilidades relacionadas con:
  • La tolerancia y/o manejo de las situaciones de presión (stress), frustración y fracaso
  • El reconocimiento, aceptación canalización y expresión de sensaciones y sentimientos.
  • La comunicación de ideas, argumentos, opiniones, la influencia, persuasión y convicción de manera efectiva.

Ya llevo algunos "encargos" de formación de clientes que se están centrando en formar a su personal en el manejo de este tipo de habilidades de relación social procedentes de diferentes entornos; personal comercial, personal técnico y administrativo pertenecientes a actividades relacionadas con el servicio al ciudadano,... 

Es interesante que seamos conscientes que introducirse y profundizar en aspectos centradas en las emociones tanto propias como de los otros y las relaciones sociales y profesionales es productivo. Lo es no sólo por que se mejora de manera significativa el bienestar emocional y personal sino porque se consiguen resultados en el ámbito profesional. 

Resultados en cuanto a incremento de ventas si lo aplicamos a los vendedores, en cuanto a reducción de errores (calidad)  y de tiempo de ejecución de tareas en los grupos de trabajo. Resultados en la mejora del clima laboral en las relaciones entre compañeros, colegas, colaboradores, jefes, clientes, proveedores, ... en definitiva en las relaciones profesionales.

Desde mi punto de vista este tipo de programas de formación son una apuesta por la mejora individual pero además con vistas a la obtención de resultados. Consigo resultados a través de mi mejora en las relaciones interpersonales.

Hasta aquí la parte que nos gusta oir y la que se suele utilizar para vender pero ¿estamos preparados para recibir formación específica en gestión de nuestras emociones? No estoy tan seguro. 

Por mi experiencia en este tipo de acciones se suele ser cautos, conservadores en cuanto a la aceptación y expresión de sensaciones y sentimientos. Nos cuesta hablar de emociones en grupo y ante una persona externa (el formador) 

Nos quedamos en la parte descriptiva de los conceptos. Por ejemplo las 4A: autoconocimiento, autoestima, automotivación, autoregulación. Se suelen definir y enseñar sin embargo cuando pedimos a los asistentes que se interroguen a si mismo acerca de su grado de motivación, estima, conocimiento y regulación surgen los inconvenientes y las expresiones ambiguas, amplias y generales o imprecisiones.

Otro ejemplo es cuando en una dinámica de grupo se pide que ante una determinada situación (escogida al azar de las diferentes situaciones que se producen en un grupo de trabajo) analicen y expongan sus emociones y sentimientos, admitan y expresen aquello que piensan y acepten que su comportamiento es fruto de lo anterior. Es difícil. Se suele no llegar a compartirlo en grupo y nos quedamos a nivel de exposición conceptual y poco más. Este es el reto. Que en las organizaciones se trabajen individual y colectivamente estas habilidades. No es solo formación sino acompañamiento, asesoramiento. 

En fin, se acaba el año 2015 y pronto empezaré a pensar en objetivos, metas y retos para el siguiente. Uno de ellos es implantar una metodología de trabajo que permita a los miembros de un grupo desarrollar sus habilidades sociales.


Un encuentro, una solución