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20 de marzo de 2017

Aprendiendo a manejar el conflicto y la presión


Presión (por stress), conflicto, problemas (muchos), frustración, ... cuántas emociones y situaciones en algunos casos muy incómodas; relaciones que se deterioran, incertidumbre, presión por los resultados, tensiones, ... ¿Os suena todo esto?

Cada vez estas situaciones se siguen manteniendo y ese posiblemente sea el problema. Y cómo revertirlos o como mínimo si no puedo eliminarlo, cómo reducirlo de manera significativa.

En los talleres que imparto con equipos de trabajo siempre seguimos la siguiente estructura. 

¿Cuál es el origen de la tensión? Siempre hay un origen que es (relativamente) fácil de identificar. Solo hay que dedicarle tiempo y comentarlo.

¿Y las casuas? Sé que la mayorías de estas situaciones son conflictos y la parte emocional es importante pero acostumbrémonos también a enfocarlo por ambos lados; es decir, por la vertiente racional identificando las causas y por la vertiente emocional, identificando mis sentimientos. Por supuesto, verbalizarlos. Esa es la clave.

Está claro que si tengo el origen, las causas y preveo las consecuencias debería aprender a manejar la situación que nos genera desconfianza, presión, frustración, conflicto, en definitiva.

En estos talleres entre otras "herramientas" trabajamos el autoconocimiento y las autoinstrucciones.

¿Qué son y para qué nos sirven?
En cuanto al autoconocimiento pedimos a los miembros del equipo que anoten en un cuaderno los principales estados emocionales para adquirir mayor conciencia de ellos y de sus consecuencias.

Con ello conseguimos:
  • detenernos a pensar en nuestras propias emociones 
  • ser conscientes de cómo, cuándo y por qué tenemos determinados sentimientos y detectar que nos gustaría cambiar. 
  • conocer nuestras propias emociones y -de esta forma- considerar las de los demás.
Por lo que se refiere a las autoinstrucciones volvemos a pedir la colaboración del equipo y que anoten qué  pensamientos están asociados a mis emociones para aprender a pensar  más  en positivo y así controlar mejor el comportamiento. 

En definitiva lo pedimos para controlar o regular las propias emociones en situaciones difíciles, generar motivación y tranquilizarse, relajarse. 

Para construir un lenguaje positivo pero ajustado a la realidad y ,de esta manera, crear un clima emocional favorable al rendimiento y a las relaciones interpersonales óptimas, basadas en la doble influencia y colaboración.



Un encuentro, una solución